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Fernando Alcalá-Zamora
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22:13

‘We don’t need no education’ quizás sea la frase más representativa de uno de los mejores discos de la historia del Rock, The Wall. Pink Floyd recreó en su álbum la historia de un personaje enormemente influido por su controvertido entorno. Los problemas de una sociedad enferma chocan frontalmente y penetran en un joven de frágil personalidad. Como él, millones de personas de corta y no tan corta edad sufren las consecuencias del vivir en un clima desfavorable, hostil.
Problemas de diversa índole como la pérdida de un padre en la IIGM o el rechazo social conducen a evitar el contacto con el exterior lo que, en muchos casos, agrava la situación. Ante tan compleja situación, en este caso el adolescente decide ‘construirse un muro’’ que lo distancie de tan nocivo contacto. La barrera se levanta pues de la superposición de múltiples problemas que actúan como ladrillos infranqueables que le darán consistencia y refugio.
La etapa donde se ambienta la trama pertenece a uno de los periodos más negros de la historia contemporánea, los duros años de la postguerra que dejaron a la vista la ferocidad y atrocidad del conflicto. Así, si bien este periodo no ayuda a mejorar la situación no hay porque ir tan lejos.
Hoy en día vivimos en la sociedad del bienestar y del progreso como ha sido llamada, de manera muy acertada en muchos casos, pero que, a causa del frenético ritmo en el que nos mueve, deja casi olvidados los problemas e injusticias sociales que aún prevalecen y que no son dignas del s. XXI.
Desde los representantes del pueblo..si, si, los políticos!, pasando por multitud de profesionales de diversos campos, ancianos de vida sosegada o inquietos y revoltosos niños ( ‘City of the Damned, lost children with dirty faces today, no one really seems to care’. En todos se puede encontrar un atisbo de que algo no marcha bien. De los primeros esta todo dicho, lo de luchar por nuestros derechos e intereses lo tomaron tan en razón que no hay día en que el sol salga y no mantengan arduas e intensas batallas por ya no se sabe el qué pero a buen seguro nos beneficiará. Mientras, y para no desistir en tan nobles duelos, reciben ingentes y jugosas sumas monetarias por las que suspiran las masas a las que defienden.
Así, la amplia mayoría social intenta mantenerse a flote tras las continuas oleadas de crisis que chocan inexorablemente contra nuestras costas.
Pero, de repente, entre la muchedumbre surgen voces reivindicativas y de descontento, ‘We are the kids of war and peace, from Anaheim to the Middle East’ que claman por la igualdad. Por derribar el Muro que fue construido, desgastado, tapado, pero no derribado.
''I wanna be the minority. I don’t need your Authority. Down with the moral
Majority, ’Cause I wanna be the Minority''
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Fernando Alcalá-Zamora
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Albaycín
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Granada
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microrelato
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23:45

Caminaba lentamente, junto al vivo discurrir del arroyo que desciende sin cesar por la abrupta y accidentada cuenca formada con el paso de los siglos. El desgastado y desigual adoquinado de la calzada amortiguaba y acompasaba mis aturdidos pasos. A la izquierda, cual centinela vigía que se mantiene erguido durante las frías noches, la imponente figura de la Alhambra siguió mi indeciso discurrir sin mediar palabra. El sol anunciaba su retirada en un medido espectáculo de luces y sombras que se reflejaban en las antiguas murallas nazaríes y las últimas y tardías hojas que se mantenían como sujetas de un hilo invisible a las ramas que las habían cobijado cayeron en una dulce danza donde el viento era el encargado de dirigir sus movimientos.
Viré a la derecha para adentrarme rumbo al corazón del Albaycín y, para cuando perdí la visión de la transcurrida Carrera del Darro, la luz se esfumó y quedé perdido en un completo silencio. Las sombras me portaban, inevitablemente, al interior de la ciudad.
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Fernando Alcalá-Zamora
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Aviones
,
Granada
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Pereza
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18:45

El pasado 19 de Febrero, en una de las innumerables frías noches de Granada, Rubén y Leiva volvían a pisar una vez más las estrechas calles siempre custodiadas por la silueta de la Alhambra.
No venían en condición de turistas sino armados de chupa, gafas de sol y guitarra en mano. Y consigo, una legión de jóvenes y viejos rockeros que esperaban impacientes a las puertas del Palacio de Congresos.
Podría presagiarse una noche de guitarreo eléctrico como la acaecida dos años atrás pero en esta ocasión sería diferente. Las eléctricas de los Pereza quedarían relegadas a un segundo plano en favor de las acústicas para hacer honor a su último trabajo, Aviones. Así, qué mejor escenario que la sala García Lorca para dotar del intimismo necesario que requería el acto.
La primera impresión fue cuanto menos extraña. Ausencia de colas en la puerta, entradas numeradas y cómodas butacas estrictamente posicionadas en filas. ¿Donde quedaban las largas horas de espera en pie? ¿Se levantaría el público? ¿De verdad estábamos ante un concierto de Pereza?
Todos estos interrogantes pasaron por mi cabeza en los minutos previos al comienzo pero, por suerte, desaparecieron ante el griterío del patio de butacas en respuesta al primer riff de guitarra, correspondiente al coreado tema Leones.
Siguieron Windsor, Amelie o 4 y 26 entre otras que confirmaron el renovado y cuidado sonido de la banda, amplificado gracias a la elección de teatros para su presentación en directo. Con un largo setlist que rondó las dos horas de concierto demostraron que Pereza para nada ha perdido la esencia que los caracteriza. Muestra de ello fue la recreación de un atraco a punta de pistola que la propia banda representó para dar entrada a piezas mas cañeras como Señor Kioskero o la archiconocida Superjunkies que, a la postre, serviría para dar por terminado el show.
A destacar varios momentos de la noche como la introducción de Rum Rum en la nómina de canciones, totalmente inesperada, que hizo vibrar como nunca al teatro, o Superhermanas, de su anterior trabajo discográfico Aproximaciones.
Aún así, y para deleite de los más exigentes, la banda no dejó el escenario sin hacer sonar la masterpiece del nuevo disco, Llévame al Baile. De corte tranquilo y pausado, guió al público al momento más especial de la velada donde pudo comprobarse que el silencio también es un sonido. El tema fue magistralmente finalizado con un solo de saxofón a cargo de Tuli, antiguo miembro de la banda que no podía perderse un tour de tan alto calibre como este ''Puro Teatro Tour''.
Así pues, Pereza dejó constancia de su relevancia en el difícil plano musical nacional con un soberbio concierto donde demostraron su polivalencia en cuanto a estilos. Y, los asistentes, volvieron a recorrer las calles de la ciudad nazarí con un buen sabor de boca no fácilmente superable que solo se consigue en las grandes noches de Rock'n'Roll.