Cuando estés en vena

Posted by Fernando Alcalá-Zamora | Posted in , , | Posted on 02:26

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-Concierto en Granada el día 30!



-Me apunto!, a quién vamos a ver?



-Quique González.



Esta es la simple, clara y convencida conversación que mantuve para decidirme a viajar una vez más a esa ciudad a la que me creía irrevocablemente destinado este año. No pudo ser así y los utópicos sueños que dilucidábamos entre examen y examen del ya lejano curso pasado tuvieron que ser emplazados a ocasiones extraordinarias como la que se me presentaba.



Así, la acción una vez más se vería trasladada en primer lugar a la vecina ciudad de Atarfe y, más concretamente, al coliseo que tan familiar se nos hace. No por ello conseguíamos evitar dejarnos contagiar por la gélida noche granadina y los peores augurios sobre la falta de ambiente que se abalanzaban sobre nosotros. La desconfianza por suerte quedó disipada al entrar a la reconvertida plaza que se nos presentaba como una acogedora sala de conciertos.



Los que me conocen bien saben que mi debilidad por ese pequeño instrumento que queda camuflado a la vista con las simples palmas de las manos a veces raya la obsesión, pero basta una leve sucesión de dos notas de armónica para convencerme. El cantautor que esta noche subía al escenario del Coliseo Club parecía saber de mi debilidad puesto que abrió la noche con un íntimo tema acompañado por su fiel guitarra acústica y, sí, la implacable y melodiosa armónica, convenciéndome desde el primer instante.



Nada de saltos ni frenéticos bailes incontrolados, la velada se presentaba para ser saboreada con pausa (acompañada a poder ser con un Daiquiri Blues), dejando las notas flotar libres al aire. El repertorio, magistralmente escogido e interpretado, consiguió redondear la noche acertando con cada una de las piezas en el momento preciso, valiéndose de la intensidad justa y necesaria.



Aún con un corte marcadamente tranquilo y pausado, los vítores escaparon incluso de los más sosegados oyentes cuando Quique invitó a César Pop como colaborador de lujo para compartir unos minutos frente al privilegiado público.



Así, el pedal steel, la guitarra, contrabajo y demás aliados dejaron de rasgar la ya más cálida noche y, con el apagado de luces nos vimos emplazados a la mágica atmósfera de los pubs granadinos.



Con una compañía insuperable de la que son culpables Ana, Olalla y Álvaro (ni la lluvia se resistió a hacer acto de presencia), cerramos la noche entre cervezas y con la grata sorpresa de encontrar en uno de los desgastados y pequeños pubs que desprenden misticismo por los cuatros costados a los protagonistas de la noche, Quique González y César Pop, con los que pudimos intercambiar opiniones para poner punto y final a una nueva aventura de las que tanto me atraen.

Eternas vigilantes

Posted by Fernando Alcalá-Zamora | Posted in , , | Posted on 01:40

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Penumbra. El sol dijo basta y comenzó su rutinaria escapada tras las cornisas de los edificios que flanqueaban mi caminar. Los húmedos y desgastados adoquines que tanto han visto y sufrido marcan el ritmo con el contacto de los indecisos pasos que parecen guiarme instintivamente. Perdido en mis dudas y reflexiones vislumbro el protocolo milenario mediante el cual los últimos rayos de luz saludan y dejan paso a sus artificiales primos que perezosamente se encienden en todo el entramado de calles de la ciudad, en el preciso instante en el que las sombras creían apoderarse de los viandantes.



La desigual calzada me hizo volver en mí cuando estaba a punto de saborear la polvorosa superficie de piedra. No era sino su grito desesperado hacia quienes mantienen su cabeza alzada ante el magnífico legado que el Imperio Romano dejó en las calles de Florencia y se muestran intransigentes a agradecer, al menos durante dos fracciones de segundo, al majestuoso desfile de alineadas rocas talladas la labor sin precedentes que nos permite disfrutar de lo que se alza sobre ellas.



Así, y con unos cuantos tropiezos y resbalones a mis espaldas, el leve salpicar del agua acompañado de unos sencillos acordes de guitarra llegaron a mis oídos de forma fluida, amortiguados por la implacable multitud que se encontraba en la confluencia de recorridos de la plaza y proseguía su discurrir.



El espontáneo músico agradeció mi inesperada atención y atendió la sugerencia que le lancé. Las rasgadas cuerdas vibraron y la atmósfera quedó impregnada de la melodiosa Stairway to Heaven.



Con la seguridad que me aportó la idílica escena, me dejé guiar y guiñé a mis leales compañeras de viaje, acomodándome en la dura superficie aún convaleciente de la batalla que minutos antes le había declarado el líquido elemento caído del cielo. El cansancio me aturdió y, acompañado por la sucesión de notas musicales que Jimmy Page y Robert Plant nos legaron, caí rendido y seguí la senda que Morfeo trazó para mí en aquella noche italiana.